¿Por qué hacer la tarea se vuelve una misión imposible?

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Y si de temas que ocupan nuestras tardes habláramos, es imposible dejar de mencionar ‘las tareas escolares’. En este punto de mi texto ya hubo varios gestos que denotan frustración, por decir lo menos.

La experiencia de cada quien es tan diversa, como diferente es la circunstancia que se vive en casa, con los chicos, enfrentados a los libros y a las libretas, a los dibujos y a las maquetas, en fin, a esas actividades que de manera tajante se imponen para realizarse, cuando los niños y los adolescentes se encuentran en el lugar donde más se les quiere: su hogar; y de pronto es allí donde también se ven enfrentados al dedito inquisidor de mamá, quizá poco menos, de papá.

La gran pregunta es: ¿Por qué hacer la tarea se vuelve una misión imposible, una misión suicida? El problema no es la tarea, el problema es diseñar un ‘algo’ que conecte lo visto en clase, con el interés del niño y su voluntad por realizarla.

En este momento no abro una discusión para determinar si las tareas son buenas o no, las tareas ya existen. Lo que estoy planteando a quienes tenemos en nuestras manos decidir qué ‘encargar de tarea’, es que visualicemos por un momento a los pequeños, sentados a su mesa o escritorio a punto de salir corriendo y, que nos toquemos el corazón para enmendar la plana y, ‘dejar de tarea’ aquello que siempre existe: un algo que realmente hará con gusto, un algo en lo que aplique o continúe lo que ha visto de mañana y que le ha causado gusto, o le despertó el interés, o se le ha vuelto un reto.

No olvidemos que nuestros niños son vidas y esas vidas no pueden estar atadas de tarde, en tarde, a una silla.

 

POR: Gloria Esther Contreras De Gárate Escuela Normal Urbana Federal de Morelia,

“Profr. J. Jesús Romero Flores”

Profesora en Colegio Líber